Europa invierte 200.000 millones en su ecosistema de vehículos eléctricos
Europa destina 200.000 millones de euros a baterías, fabricación y recarga de vehículos eléctricos para reducir la dependencia de China y generar empleos. La inversión impulsa la cadena de suministro.
Europa ha destinado cerca de 200.000 millones de euros (aproximadamente 235.000 millones de dólares) a su ecosistema de vehículos eléctricos. De acuerdo con New Automotive, la apuesta va más allá de la fabricación de automóviles: busca establecer una cadena de suministro integral que abarque desde baterías hasta puntos de recarga.
La mayor partida va destinada a las baterías. Unos 60.000 millones de euros se han invertido en la cadena de suministro de baterías, como respuesta directa a la dependencia de China. Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2025 las plantas chinas fabricaron más del 80% de todas las baterías, incluyendo las de usos no relacionados con el vehículo eléctrico.
Europa aún no ha alcanzado el nivel de China, pero ya cuenta con una base sólida. New Automotive indica que las fábricas locales suministran baterías para aproximadamente uno de cada tres eléctricos vendidos en la región. Si toda la capacidad anunciada llega a materializarse, podría cubrir la demanda futura.
Otros 60.000 millones de euros se han empleado en la producción de vehículos eléctricos, distribuidos entre la renovación de líneas de montaje existentes y la creación de nuevas factorías destinadas exclusivamente a coches eléctricos. La infraestructura de recarga constituye un capítulo aparte de gran envergadura: entre 23.000 y 46.000 millones de euros han ido a parar a la recarga pública, y Europa ya supera el millón de puntos de recarga públicos. Además, se han invertido 3.500 millones de euros en la fabricación de los propios equipos de infraestructura.
Estos proyectos ya generan más de 150.000 puestos de trabajo, y si todos los planes anunciados se concretan, esa cifra podría incrementarse en otros 300.000. Sin embargo, la inversión está repartida de forma desigual. Alemania concentra casi una cuarta parte de todas las inversiones y se mantiene como el epicentro de la transformación hacia el vehículo eléctrico en Europa, albergando a grandes fabricantes, proveedores y proyectos de baterías.
En este contexto, el debate sobre la prohibición de los nuevos coches de combustión a partir de 2035 se recrudece. Alemania, Italia y varios países de Europa Central y Oriental se oponen a esta medida tajante, a pesar de que más de la mitad de las inversiones contabilizadas se concentran precisamente en esas regiones. La paradoja es evidente: se están levantando fábricas, el dinero ya está comprometido y los empleos dependen del vehículo eléctrico, pero la confianza política en las futuras normativas flaquea.
Para los compradores, esto no implica una bajada de precios inmediata, sino una apuesta a largo plazo. Cuantas más baterías, fábricas y cargadores construya Europa, menor será su dependencia de las importaciones y mayores serán las probabilidades de tener coches eléctricos más asequibles. Sin embargo, China ya tomó ventaja y a una escala mayor, por lo que Europa compite a toda velocidad para alcanzarla.