19:51 02-06-2026

Una planta de mil millones detenida por una carga que no salió del puerto

El cuello de botella en el puerto de Tánger paraliza la logística, falla el proveedor de cableado y el reloj hacia el VLE del 12 de junio sigue corriendo.

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La planta de Mercedes-Benz en Vitoria ha vuelto a pararse. Y, una vez más, no por culpa propia. El pasado viernes, la dirección no tuvo más remedio que cancelar el turno de tarde — sencillamente no había piezas para montar vehículos. El origen del problema estaba muy lejos de los muros de la fábrica: la logística falló. A los empleados se les dijo sin rodeos — la producción se suspende por un fallo en la cadena de suministro y la planta no puede hacer nada al respecto.

Tres áreas clave recibieron el golpe a la vez: chapistería, montaje final y pintura. La causa — un nuevo cuello de botella en el puerto de Tánger. Según Mercedes-Benz, paralizó el tráfico marítimo en el estrecho de Gibraltar y desplomó toda la cadena logística. El proveedor de cableado fue el más perjudicado.

En el comunicado de la planta, el director del centro Bernd Krottmayer no mencionó nombres directamente, pero la alusión era inequívoca — hablaba de Kromberg & Schubert, uno de los proveedores clave de cableado. El paro afectó a casi toda la plantilla y a los subcontratistas. Las únicas excepciones fueron las tareas vinculadas al proyecto VAN.EA y aquellos trabajos que sencillamente no podían aplazarse. Y no es un detalle menor: Mercedes prepara el centro para su próximo salto tecnológico y cualquier pausa duele especialmente ahora. Para Vitoria, no es el primer golpe reciente.

Ya en febrero la planta se había parado por problemas de suministro. Entonces, la causa fue el mal tiempo en el estrecho de Gibraltar durante la borrasca invernal Leonardo. Se vieron afectadas las entregas de tres empresas a la vez: Kromberg & Schubert, Forvia y Lear. La primera se encarga de los mazos de cables, las otras dos — de los asientos de las furgonetas.

Dos días después de aquella parada llegó otro incidente — esta vez un fallo informático en la sede de Mercedes-Benz en Stuttgart, a unos 1430 km de la planta española. Para Vitoria fue una lección incómoda: una fábrica moderna no funciona solo con máquinas y personas en el taller. Depende de puertos, servidores, proveedores y rutas que atraviesan varios países. Un solo fallo en cualquier punto — y todo se detiene.

La situación resulta especialmente inquietante con el arranque de la producción en serie previsto para el 12 de junio. Según la prensa española, el acto se prepara a lo grande — con la presencia del responsable mundial de Mercedes-Benz Vans, Thomas Klein. Y cuanto más se acerca la fecha, más cara sale cada hora perdida.

La planta forma parte de una cadena complejísima en la que un solo retraso en el cableado o los asientos puede paralizar el montaje de un vehículo entero. La industria del automóvil habla mucho de robots, plataformas y electrificación. Pero a veces no es la tecnología del futuro la que detiene una operación de mil millones. Es una carga de lo más corriente, que no salió del puerto a tiempo.