Subaru se niega a apostarlo todo al eléctrico — y la fábrica nunca volverá a ser la misma
El fabricante japonés reescribe su manual de producción. Yajima abre fuego, Indiana sigue y hasta la planta EV de Oizumi arrancará con híbridos.
Subaru da un giro que ayer mismo habría sonado impensable. La marca japonesa está reconfigurando sus plantas para que coches con motor de combustión, híbridos y eléctricos puedan salir de una misma línea — sin reformas titánicas. La idea es simple y audaz a la vez: reaccionar a los vaivenes del mercado y a las guerras comerciales más rápido de lo que la competencia tarda en parpadear.
¿Por qué ahora? Porque el mercado ha dejado de ser predecible. En Estados Unidos, donde Subaru genera más del 70 % de sus ingresos globales, la demanda de eléctricos ha resultado mucho más floja de lo que prometían los pronósticos optimistas. Súmele los aranceles a la importación, que ya han recortado cerca de 227 mil millones de yenes — unos 1,2 mil millones de euros — del beneficio. En ese contexto, apostarlo todo a una sola tecnología es un suicidio.
El presidente Atsushi Osaki lo dice sin rodeos: encadenarse a un único tipo de motor sería «el mayor riesgo» para Subaru. Por eso incluso la planta de Oizumi en construcción —la que originalmente se asociaba al primer eléctrico íntegramente propio de Subaru— arrancará primero con híbridos y motores de combustión. Las ambiciones eléctricas siguen vivas. Solo que ya no tienen prisa.
La primera planta en estrenar las nuevas reglas será Yajima, al norte de Tokio. Desde agosto, tres mundos convivirán en la misma línea: los eléctricos Subaru Trailseeker y Toyota bZ4X Touring, el Forester híbrido y el mismo Forester en versión de gasolina. Después llegará Indiana: Subaru piensa replicar el modelo de fabricación flexible en su planta estadounidense.
Para 2030 la compañía quiere reducir a la mitad sus procesos de producción y ahorrar unos 200 mil millones de yenes — cerca de 1,08 mil millones de euros. Para el comprador, el mensaje es claro: menos virajes bruscos, menos despedidas repentinas de motores familiares, más opciones allí donde el mercado aún no está listo para pasarse del todo al eléctrico.