China quiere sacar los coches autónomos de las pruebas y llevarlos a la calle
Pekín quiere llevar la conducción autónoma a gran escala y, al mismo tiempo, endurecer las reglas. El estándar obligatorio para L3 y L4 llegará el 1 de julio de 2027.
China pisa el acelerador justo donde el precio de un error puede ser enorme: la conducción autónoma. Una nueva hoja de ruta del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, cuyo contenido ha sido recogido por Reuters, fija un objetivo muy concreto — desplegar vehículos autónomos a gran escala antes de 2030. Estos coches deberán circular por autopistas, vías rápidas urbanas y determinadas calles. Esto ya no es una fantasía tecnológica lejana.
El mercado lleva tiempo preparándose para este salto. En 2026, los sistemas combinados de asistencia al conductor L2 alcanzaron una penetración del 70,5% entre los turismos nuevos vendidos en China, mientras que las funciones NOA llegaron al 34,2%. Los primeros modelos con automatización condicional L3 ya han recibido permiso para circular en zonas concretas. El siguiente paso es mucho más serio: convertir los pilotos limitados en un uso masivo y regulado.
Y aquí es donde la historia se pone interesante. Las autoridades chinas quieren ampliar el uso del transporte autónomo y, al mismo tiempo, endurecer los requisitos de seguridad, actualizaciones de software y homologación. El 1 de julio de 2027 entrará en vigor el estándar obligatorio GB 44721–2026 para sistemas L3 y L4. La primera gran prueba del ambicioso plan llegará mucho antes de 2030: ya el próximo año se verá con qué rapidez los fabricantes pueden cumplir las nuevas exigencias y sacar sus tecnologías de los proyectos piloto.
El objetivo suena casi provocador: los vehículos autónomos deben llegar a ser más seguros que una persona al volante. Por ahora, es una meta y no un resultado demostrado. La hoja de ruta también contempla mayor vigilancia sobre la capacidad de producción, medidas contra la inversión excesiva y una consolidación de la industria. En otras palabras, Pekín no solo quiere acelerar la autonomía, sino también apartar a las empresas que intenten escalar la tecnología sin una base técnica o económica suficiente.
Por eso, el nuevo hito chino importa menos por la promesa de que «los coches conducirán solos» que por el intento de convertir la conducción autónoma, hasta ahora dominada por proyectos piloto llamativos, en una tecnología de serie sometida a reglas estrictas de homologación. La primera fecha que conviene recordar es el 1 de julio de 2027.