08:06 26-12-2025

Bugatti Tourbillon: cabina analógica, tacto mecánico y lujo duradero

Bugatti está usando el Tourbillon para redefinir qué debe sentirse al interior de un hipercoche moderno. En lugar de un muro de pantallas táctiles, la marca apuesta por hardware analógico, tactilidad mecánica y un diseño duradero, de modo que el habitáculo no se quede anticuado en unos años a medida que cambian las interfaces y las modas de las tabletas. La jugada se percibe más atemporal que la típica carrera por añadir pantallas.

La idea rectora es una especie de desintoxicación digital. En la cabina apenas hay tiempo de pantalla: la pantalla central se esconde en el salpicadero y se mantiene fuera de la vista por defecto, emergiendo solo cuando el conductor realmente la necesita. El resto de funciones esenciales se confían a mandos físicos con un esfuerzo medido y un clic limpio, que invitan a manejar el coche con las manos en lugar de navegar por capas de menús.

El escaparate más claro de esa filosofía es el conjunto de instrumentos. Bugatti recurrió a relojeros suizos para crear un juego totalmente mecánico de indicadores en aluminio fresado, con elementos esqueletizados y cubiertas transparentes que dejan ver parte del mecanismo. La intención es evocar la presencia de un tourbillon de muñeca más que una lectura genérica de velocidad en una pantalla, y lo transmite con claridad.

El volante se ha construido alrededor de esos instrumentos. Su cubo es fijo, así que la sección central con el airbag y la tornillería permanece inmóvil mientras solo gira la llanta. Eso garantiza que el conductor vea siempre las esferas a través del aro en la misma orientación, sin escalas que se salgan del encuadre. La funcionalidad moderna se mantiene: los interruptores y las levas de cambio se integran en el anillo exterior que sí rota.

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La arquitectura del habitáculo conserva la característica línea en C de Bugatti. El motivo que se percibe por fuera continúa dentro para separar visualmente las zonas de conductor y pasajero, reforzado por una división horizontal de color. Los materiales apuntan a una dirección de alta sastrería automotriz: una mezcla de cuero y tejidos recientes, de aire de atelier, para que el interior se sienta confeccionado como moda de alto nivel en lugar de la receta habitual de carbono y Alcantara. El resultado aporta personalidad sin estridencias.

Los diseñadores también subrayan el lado práctico. Todo se ha resuelto en torno a requisitos reales: la ubicación de los airbags, los puntos de anclaje de los cinturones y el comportamiento de la estructura en un impacto. El mensaje del Tourbillon es sencillo y ambicioso: no estás en un smartphone con ruedas, sino ante una pieza de arte mecánico pensada para verse bien dentro de décadas, incluso cuando los trenes motrices y el software de la marca entren en una nueva era.