03:20 12-01-2026

Batería sodio‑azufre con nueva química: más segura, potente y barata que el litio

Investigadores chinos han presentado una batería con potencial para remodelar de raíz el mercado del almacenamiento de energía. La arquitectura combina sodio y azufre y apunta a superar a las alternativas basadas en litio en densidad energética, seguridad y coste, una promesa que, si cristaliza, tendría impacto directo en los vehículos eléctricos y la gestión de redes.

Un avance en la química

El trabajo realizado en la Universidad Jiao Tong de Shanghái aborda las debilidades de las celdas de sodio‑azufre convencionales: el bajo voltaje operativo y la necesidad de sodio en exceso. En lugar de la reacción estándar S/Na2S, el equipo adoptó una nueva química redox S0/S4+ y prescindió por completo de un ánodo activo. En su lugar entra un colector de corriente de aluminio, mientras que el cátodo utiliza azufre S8. El planteamiento simplifica el conjunto y, en teoría, favorece una configuración más segura.

Cifras récord y seguridad

En combinación con un electrolito de cloroaluminato no inflamable, el prototipo ya entrega hasta 1,198 W/kg en pruebas iniciales. Con un catalizador Bi‑COF, esa cifra asciende a 2,021 W/kg, un territorio al que la mayoría de baterías actuales no llegan. El propio electrolito no se enciende, lo que reduce de forma notable el riesgo de incendio. Sobre el papel, estos números redefinirían las expectativas para los paquetes de los vehículos eléctricos y el almacenamiento estacionario, aunque el banco de laboratorio es solo el primer obstáculo y del prototipo a la calle suele haber un trecho.

Precio y límites en el uso real

El coste estimado es de unos $5 por kWh, aproximadamente un orden de magnitud inferior al de las baterías de litio. Las salvedades son sustanciales: el electrolito es agresivo, difícil de fabricar y aún no ha demostrado su durabilidad a largo plazo en condiciones reales. Hasta que esa resistencia quede acreditada, la propuesta resulta muy sugerente, pero pide un optimismo medido; la fase de escalar, estabilizar suministros y validar miles de ciclos lejos del laboratorio suele ser la prueba decisiva.