En los últimos años, la industria automotriz china ha dado un salto importante al presentar sus propios desarrollos y tecnologías en el mercado. Sin embargo, no ha logrado desprenderse por completo de su legado, ya que todavía aparecen modelos con claras influencias de marcas europeas.

Uno de los casos más comentados es el Aistaland GT7, cuya apariencia recuerda notablemente al Porsche Panamera. Este modelo chino cuenta con una plataforma eléctrica moderna y tracción total, pero el parecido visual con el liftback alemán es evidente incluso para el ojo menos entrenado.

Otro ejemplo es el Jetour Traveller, que muchos perciben como una alternativa al Land Rover Defender. Detrás de su aspecto robusto se esconden componentes técnicos mucho más sencillos, con capacidades todoterreno que claramente no alcanzan las del original.

Tampoco se han olvidado los clásicos del género: el BAIC BJ80 copia esencialmente al Mercedes-Benz Clase G. A pesar de los reclamos sobre su fiabilidad, el modelo sigue siendo polémico precisamente por su diseño. En su momento, el Zotye SR9 se convirtió en uno de los "clones" más famosos al replicar la apariencia del Porsche Macan.

Mientras tanto, el deportivo SC-01 se inspira en el legendario Lancia Stratos, aunque reinterpretado como vehículo eléctrico con tecnología contemporánea. Hoy en día, los fabricantes chinos ofrecen cada vez más modelos originales, pero estos ejemplos muestran que la fase de préstamos no ha terminado del todo.

La industria automotriz china alcanzó hace tiempo un nuevo nivel, y tales "copias" son más bien un fenómeno residual. Sin embargo, ayudaron a generar interés en el mercado y permitieron a las marcas ganar impulso, lo que ahora les permite competir en igualdad de condiciones.