Una de las principales causas de la degradación de las baterías de los vehículos eléctricos resulta ser un hábito que los conductores pueden decidir cambiar. Un estudio de la empresa de análisis Geotab, que abarca más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 modelos, reveló que las baterías pierden capacidad más rápido cuando se cargan con regularidad en estaciones de corriente continua de alta potencia que superan los 100 kW.

Según los datos, los vehículos que utilizaron carga ultrarrápida en más del 12% de todas sus sesiones de carga perdieron una media de aproximadamente un 2,5% de capacidad de batería al año. Para aquellos que usaron estas estaciones con menos frecuencia, la degradación fue de alrededor del 1,5% anual. En comparación, cargar en estaciones menos potentes, incluidas las de nivel 2, resultó en casi la mitad de la tasa de desgaste de la batería. Los investigadores subrayan que no es necesario evitar por completo la carga rápida.

La degradación media de las baterías de los vehículos eléctricos es de aproximadamente un 2,3% anual, independientemente del método de carga. Los vehículos más ligeros pierden, de media, alrededor de un 2% de capacidad al año, mientras que los modelos más pesados y las furgonetas pueden perder hasta un 2,7%. Curiosamente, después de los dos primeros años de uso, cuando la caída de capacidad es más notable, las baterías suelen estabilizarse y pierden aproximadamente un 1,4% anual.

Sin embargo, cuanto más depende un conductor de las estaciones de carga de alta potencia, más rápido se acelera este proceso. La temperatura ambiente, la antigüedad de la batería y su composición química también desempeñan un papel adicional. El mecanismo de degradación implica la formación de placas de litio, donde los iones no tienen tiempo de distribuirse uniformemente dentro de la batería durante una carga excesivamente rápida, reduciendo la capacidad disponible.

Las baterías LFP son más resistentes en este aspecto que las de tipo NMC, pero no son completamente inmunes al desgaste acelerado. El estudio también encontró que los vehículos eléctricos operados en climas cálidos pierden capacidad aproximadamente un 0,4% más rápido. Las bajas temperaturas también son arriesgadas: cargar en condiciones bajo cero sin un precalentamiento puede causar daños irreversibles en la batería.

Mientras tanto, la investigación desmonta un mito popular sobre las estrictas prohibiciones de cargar al 100% o descargar por debajo del 20%. Un desgaste elevado solo se observó en vehículos que permanecían casi constantemente en estos rangos extremos. En un uso normal, los modernos sistemas de gestión de la batería la protegen de manera efectiva.

La carga rápida no es un enemigo de los vehículos eléctricos, pero convertirla en un hábito diario no es prudente. Usar estaciones de corriente continua en viajes largos está bien, pero para la carga diaria, optar por un modo más suave es mucho más inteligente: tu batería te lo agradecerá con los años.