Los automóviles pronto comenzarán a vigilar a los conductores, y esto no es una mera especulación. Una ley aprobada en Estados Unidos exige que los fabricantes integren sistemas de monitoreo del conductor para 2027. Para los conductores, esto es relevante porque no solo se trata de seguridad, sino también del control sobre su comportamiento al volante.

La idea central es detectar conductores ebrios o incapacitados. Sin embargo, el problema es que la tecnología aún no está lista. Según la NHTSA, actualmente no existen sistemas listos para producción que puedan medir con precisión el alcohol en sangre sin una prueba activa. Incluso sistemas con una precisión del 99,9% generarían millones de falsos positivos al año, lo que significaría que conductores sobrios podrían no poder arrancar su vehículo.

En teoría, los fabricantes usarán cámaras y sensores para rastrear el movimiento ocular, el comportamiento y el tiempo de reacción. Pero lo que importa aquí es que estos sistemas ya plantean preocupaciones de privacidad. En la práctica, el coche podría registrar casi todo: hacia dónde miras, cómo conduces y cómo respondes. Y los datos no siempre pertenecen completamente al propietario del vehículo.

Para la industria, esto marca una nueva fase: un cambio de los sistemas de asistencia a los sistemas de control. Los fabricantes generalmente apoyan la idea, pero admiten que la tecnología es inmadura y que los compradores podrían resistirse a este nivel de vigilancia. Para los conductores, esto significa que la seguridad mejorará, pero existe un riesgo creciente de errores del sistema y pérdida de control sobre los datos personales.

El monitoreo del conductor es inevitable; la única duda es con qué precisión y equidad funcionará cuando se implemente realmente.