Efectos del frío y el calor en la autonomía de coches eléctricos
Un estudio de la AAA revela que el frío reduce la autonomía un 39% y el calor un 8,5% en vehículos eléctricos. Descubre consejos para conducir en invierno y optimizar la batería.
AAA sometió a vehículos eléctricos a pruebas de temperaturas extremas para medir la pérdida de autonomía, y los resultados ponen de manifiesto una diferencia importante para cualquier propietario de un coche eléctrico. Según el estudio de la AAA, recogido por Tarantas News, el calor intenso reduce la autonomía una media del 8,5 por ciento, mientras que el frío la recorta de forma drástica: un 39 por ciento.
Las pruebas se llevaron a cabo en el centro de investigación de la AAA en Los Ángeles. Allí, los vehículos se colocaron sobre un dinamómetro —una especie de cinta de correr para coches— dentro de una cámara de clima controlado, con temperaturas que se podían ajustar de -6 a 35 grados Celsius. Cada coche circuló hasta que la carga de la batería bajó tanto que ya no era capaz de mantener velocidades de autopista.
Al igual que las personas, las baterías de los eléctricos tienen su zona de confort ideal: entre 18 y 24 grados Celsius aproximadamente. Fuera de ese rango, el rendimiento de la batería disminuye y parte de la energía se destina a climatizar el habitáculo.
En lo que respecta al calor, ha habido avances claros. En una prueba similar de la AAA en 2019, las altas temperaturas provocaban una pérdida de autonomía de alrededor del 17 por ciento; ahora se queda en solo un 8,5 por ciento. El invierno, en cambio, presenta un panorama muy distinto. Greg Bannon, director de ingeniería automotriz de la AAA, señaló que, pese a las mejoras en la química de las baterías, el software y la eficiencia general, la pérdida de autonomía en condiciones invernales apenas ha cambiado.

El frío no solo castiga a los eléctricos. La AAA también puso a prueba híbridos y comprobó que, a -7 grados, la eficiencia del combustible cae de media casi un 23 por ciento. Ed Kim, analista de AutoPacific, apuntó que los coches de gasolina también pierden eficiencia en invierno; las estimaciones de la EPA indican que el consumo puede aumentar entre un 10 y un 30 por ciento según el trayecto.
La conclusión práctica es sencilla: los vehículos eléctricos pueden moverse sin problemas en climas fríos, pero hay que planificar con un margen de seguridad generoso. Noruega es un ejemplo revelador: a pesar de sus inviernos gélidos, los eléctricos puros coparon el 98 por ciento de las ventas de coches nuevos en marzo de 2026, lo que demuestra que el frío por sí solo no frena la adopción masiva.
Unos cuantos hábitos inteligentes marcan una gran diferencia. Preacondicionar el habitáculo y la batería con el coche todavía enchufado a la red, usar los asientos calefactables en vez de subir la calefacción al máximo, mantener los neumáticos con la presión correcta y evitar circular más rápido de lo necesario. En los viajes largos de invierno, conviene planificar de antemano las paradas para recargar y recordar que una batería fría se carga más despacio.