En los primeros días al volante de un eléctrico, se mira más el porcentaje de batería que el velocímetro. Es normal: la recarga sustituye a la parada en la gasolinera, la autonomía reemplaza a la aguja del combustible, y en vez de llenar el depósito, uno se pregunta dónde dormirá el coche. Sin embargo, según un estudio de SPEEDME, al cabo de unas semanas esa inquietud se desvanece: si el coche duerme enchufado, la batería deja de ser un problema.

La recarga supone la primera barrera mental. De entrada, parece un laberinto de cables, apps y normas. Pero en casa es mucho más sencillo: enchufas de noche y sales por la mañana. Con un wallbox de 7,4 kW, un Kia EV3 con batería de 81,4 kWh necesita entre 11 y 13 horas para una carga completa del 0 al 100%. Ahora bien, en la práctica nadie agota la batería por completo. La mayoría carga del 30-40% al 80-90%, y eso encaja sin problemas en una noche.

La autonomía genera la segunda gran inquietud. Los 605 km WLTP del Kia EV3 con batería grande se convierten en unos 420-500 km reales, con consumos de entre 16 y 19 kWh/100 km. La versión de 58,3 kWh, que homologa 436 km, rinde en la práctica entre 320 y 380 km. Con recorridos diarios de 50 a 80 km, el margen es más que suficiente, y la mayoría termina recargando solo una o dos veces por semana.

Los viajes largos exigen algo de planificación, pero nada que ver con una lotería. En un recorrido de 600 km, normalmente basta con una sola parada de carga rápida, suponiendo que se arranque con la batería llena y sin temperaturas bajo cero. El Kia EV3 recupera del 10 al 80% en unos 31 minutos en un punto de 150 kW, lo justo para un café, una visita al servicio y un paseo corto. Gracias a apps como Electromaps, A Better Route Planner o Plugshare, es posible localizar los puntos de carga, conocer su potencia, si están ocupados y las tarifas antes de salir.

El punto más complicado de un eléctrico es el coste inmediato de la recarga. Cargar en casa durante la noche el Kia EV3 con batería grande puede salir por entre 5 y 8 euros, para unos 420-500 km de autonomía. Un crossover de gasolina similar se dejaría entre 35 y 45 euros en el mismo recorrido. La carga rápida pública es más cara —alrededor de 0,40-0,69 euros/kWh—, pero incluso así suele resultar más económica que la gasolina.

Con el tiempo, la experiencia al volante da un giro. La frenada regenerativa se vuelve algo instintivo: al levantar el pie del acelerador, el coche decelera y recupera energía. Después de acostumbrarse, un coche de gasolina parece un derroche, como si tirara el impulso por la ventana.

Antes de comprar un eléctrico, la cuestión de fondo no es si la batería fallará, sino dónde se recargará habitualmente. Con un punto de carga en casa o en la oficina, las inquietudes del principio se diluyen en la rutina diaria. Sin un enchufe propio, el coche eléctrico sigue siendo una opción viable, pero obliga a planificar con más esmero las rutas, las tarifas y los horarios.