Cambiar a un vehículo eléctrico puede suponer un ahorro considerable para un taxista que realiza un uso intensivo del coche. Por ejemplo, un conductor que recorre unos 87.000 km al año con un diésel gasta aproximadamente 10.000 € solo en combustible, asumiendo un consumo medio de 6,5 L/100 km y un precio de 1,6 €/litro. A esto hay que sumar los gastos de mantenimiento: cambios de aceite, filtros, correas, frenos y sistemas de postratamiento de escape, sin olvidar el tiempo perdido en el taller y la depreciación. Así, el coste anual total puede alcanzar entre 17.000 y 18.000 €.

Por su parte, un eléctrico con un consumo de unos 15 kWh/100 km reduce drásticamente los gastos. Cargar en casa supone una factura anual de unos 1.300 €. Si se usa carga rápida pública con suscripción, el coste asciende a unos 4.800 €. En un escenario mixto, la factura ronda los 3.000 €.

Además, el mantenimiento de un VE es más barato: no hay cambios de aceite ni filtros de aceite, ni turbo, embrague o los complejos sistemas de un motor de combustión. Sumando mantenimiento y depreciación, el ahorro para un taxista puede acercarse a los 10.000 € anuales.

Sin embargo, algunos conductores profesionales aún dudan en dar el salto. Les preocupan la autonomía, los tiempos de carga, la falta de un garaje privado y el mayor precio de compra. Para quienes eligen un vehículo para un pequeño negocio, la clave pasa del coste inicial al coste total de propiedad durante toda la vida útil del coche.