Maserati atraviesa un tramo complicado por la fuerte caída de matriculaciones, un descenso que también se refleja en los resultados de Stellantis. Aun así, dentro de la compañía 2026 se contempla como un posible punto de inflexión para la marca, que sigue siendo el único activo de lujo del grupo. Ese horizonte suena crucial para un emblema que vive de su caché.

La dirección reconoce la necesidad de una renovación a fondo de la gama. Se está elaborando una estrategia a medio plazo y, para 2026, debería quedar claro si regresan nombres con historia como Levante y Quattroporte o si la firma apuesta por modelos completamente nuevos. El foco pasa por afilar la exclusividad, ampliar la personalización Bottega Fuoriserie y encontrar un equilibrio más competitivo entre propulsión eléctrica y motores de gasolina. Para una casa construida sobre carácter y oficio, la apuesta parece bien encaminada; la prueba real será ajustar la mezcla a la realidad del mercado.

No se espera una renovación acelerada de inmediato, pero Maserati ya ha dado un paso simbólico al devolver la producción de GranTurismo y GranCabrio a Módena. Un plan industrial detallado, dirigido por el nuevo CEO, está previsto para mediados de 2026. Lo que incluya marcará si la próxima oleada de modelos puede recuperar estabilidad, reforzar la identidad y ganar terreno en el escenario global. El regreso a Módena es una declaración de intenciones; en el lujo, el simbolismo ayuda, pero la ejecución dictará el desenlace.