Peugeot podría retomar la idea de un familiar de tamaño medio. Tras dar por concluida la vida del 508, la marca no descarta un futuro modelo que combine practicidad y estilo como alternativa a los SUV. Según el CEO Alain Favey, hoy todos los fabricantes —Peugeot incluida— hacen SUV muy logrados; aun así, el mercado empieza, poco a poco, a buscar algo distinto y las marcas ya estudian cuál debería ser el siguiente paso. La reflexión suena oportuna, no un ejercicio de nostalgia.

El contexto ayuda a entenderlo: la segunda generación del 508 no se convirtió en un superventas. En el Reino Unido, sus matriculaciones en la recta final cayeron tanto que el modelo se retiró de la venta y la producción se detuvo en la primavera de 2025, sin un sucesor directo. Favey apunta que la demanda ya no justificaba mantener el 508 en la gama; eso, sin embargo, no equivale a abandonar para siempre ese territorio. Es una decisión pragmática, no una retirada.

Y no tiene por qué ser un familiar “de toda la vida”. En Peugeot admiten que el formato puede evolucionar: la casa busca la receta adecuada para la era pos-SUV. En la práctica, podría traducirse en una lectura nueva del coche familiar que conserve la utilidad de un wagon y sume lo que hoy espera el comprador: electrificación, tecnología y una imagen más atrevida. El encargo suena coherente y, si se ejecuta con limpieza, realmente atractivo.

Los posibles rivales ya están asomando entre los modelos que intentan reinventar la practicidad a su manera: BYD Seal 6, Toyota bZ4X Touring y Subaru E‑Outback. La pista es clara: el familiar del mañana será, con más frecuencia, eléctrico o híbrido y hablará a familias activas más que a flotas de taxi. La dirección parece marcada; lo interesante será ver quién la define con más acierto.