Ocho años después, un tribunal federal de Estados Unidos sigue examinando una demanda contra General Motors por un posible defecto del sistema de climatización en sus pickups y SUV de tamaño completo. La acción colectiva abarca las Chevrolet Silverado 1500 y GMC Sierra 1500 de 2014–2017, además de las Chevrolet Tahoe, Suburban, GMC Yukon y Cadillac Escalade de 2015–2017.

Según los demandantes, los vehículos empleaban un esquema de refrigeración problemático: el condensador del A/C estaba combinado con el enfriador de aceite de la transmisión. Los propietarios afirman que los cambios bruscos de temperatura sometían al conjunto a estrés térmico, con grietas, fugas de refrigerante y un habitáculo que dejaba de enfriar. Sobre el papel, la explicación suena coherente: un intercambiador de calor doble ofrece poco margen ante picos térmicos repentinos.

Quejas anteriores también mencionaban tuberías frágiles y condensadores que podían perder estanqueidad. Los dueños sostienen que GM conocía el problema a inicios de la década, pero mantuvo la solución cuestionada, dejando facturas de reparación de miles de dólares. Además subrayan el ángulo de la seguridad: cristales empañados y exceso de calor pueden mermar la confianza al volante; cuando el aire acondicionado falla en una pickup o un SUV grandes, deja de ser un simple asunto de confort. En vehículos de este tamaño, esa línea entre comodidad y control se difumina con facilidad.

Con el paso del tiempo, el alcance del caso se ha reducido: los demandantes buscan ahora la certificación de clase en solo cinco estados, entre ellos California y Florida. GM, por su parte, sostiene que se trata de incidentes aislados y afirma que muchos vehículos fueron reparados sin costo para el cliente. Mientras la marca enmarca el asunto como un defecto acotado, el impulso de la vía colectiva deja claro que los propietarios persiguen un remedio más amplio; esa distancia entre posturas explica por qué el expediente sigue abierto.