Los fabricantes recurren cada vez más a la dirección asistida eléctrica (EPS) y van dejando atrás, paso a paso, los sistemas hidráulicos. El cambio lo impulsan los objetivos de eficiencia en consumo, el auge de las ayudas electrónicas a la conducción y el afán por simplificar la arquitectura del vehículo.

A diferencia de una solución hidráulica que toma energía de forma continua del motor mediante una bomba por correa, la EPS solo consume cuando se gira el volante. Con ello se reducen pérdidas parásitas y mejora el rendimiento energético. BMW apunta que el paso a la dirección eléctrica puede recortar el consumo alrededor de un 3%, un margen que pesa a la hora de cumplir los estándares corporativos de eficiencia. En la práctica, esa cifra pequeña marca diferencias y ayuda a que las marcas compongan gamas especialmente contenidas en gasto.

La asistencia eléctrica, además, es más ligera y compacta. Al prescindir de fluido, mangueras y bomba, el empaquetado se simplifica y el peso total desciende. Igual de importante, la dirección eléctrica se puede afinar por software, ajustando el esfuerzo y el tacto para cada modelo. Esa elasticidad de puesta a punto se nota en carretera y facilita que un mismo sistema responda a perfiles de vehículo muy distintos.

Otro punto a favor es su integración profunda con el resto de sistemas a bordo. La EPS se comunica con el ABS, el control de estabilidad, el mantenimiento de carril, el aparcamiento automatizado y funciones semiautónomas, lo que la convierte en pieza clave de las asistencias actuales y abre la puerta a futuros sistemas de dirección sin conexión mecánica con la columna. De ahí que la dirección eléctrica gane protagonismo: encaja con la tecnología de hoy y prepara el terreno para lo que viene.