El Corvette de producción más potente con motor de combustión interna debutó en el verano de 2024 como modelo 2025, pero los números de verdad han aparecido solo ahora.

Un Corvette ZR1 con poco kilometraje subió al banco de potencia de Hennessey y marcó 1.051 hp a las ruedas, por encima de las cifras oficiales de Chevrolet.

La potencia máxima llegó a 6.960 rpm, mientras que el par alcanzó 821 lb-ft ya a 4.810 rpm, de forma notablemente más temprana de lo indicado. El coche estaba completamente de serie e incluía el paquete ZTK Track Performance con llantas de carbono, neumáticos Michelin Pilot Sport Cup 2 R y un alerón trasero generoso.

La única “alteración” fue una calcomanía de Hennessey, un recordatorio sutil de que General Motors dejó margen en el conjunto. Ese detalle cobra sentido ante los rumores de un posible paquete H1200 que podría llevar el ZR1 hasta 1.200 hp sin recurrir a cirugía radical de hardware. Incluso en configuración de fábrica, el ZR1 alcanza 375 km/h y, por relación precio-prestaciones, queda en tierra de nadie.

Aun con un precio base en torno a 185.000 dólares, se sitúa al nivel de un Porsche 911 Carrera GTS en coste, pero por ritmo y entrega juega en la liga de exóticos europeos mucho más caros. Para un modelo recién salido de la línea, es uno de esos momentos en los que un coche de calle roza la frontera de la categoría hiperdeportiva.

El ZR1 de la generación C8 lanza un mensaje claro: la ingeniería estadounidense vuelve a ir a fondo y deja poco aire a los rivales. Que el rendimiento real supere a la ficha técnica es el mayor elogio para el tren motriz y su fiabilidad. Y si Hennessey llega a presentar una versión de 1.200 hp, el panorama de los superdeportivos tendrá un nuevo rival que no dará tregua.