A finales de diciembre, el nombre Ferrari HC25 apareció en los registros de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Sobre el papel es solo una solicitud de marca, pero la combinación de letras y cifras suena demasiado Ferrari como para pasarla por alto. La casa de Maranello lleva años con su programa Special Projects, en el que clientes veteranos y seleccionados encargan piezas únicas sobre un chasis existente. Por lo general, hay una o dos presentaciones de este tipo al año, y para 2025 ya asomó un proyecto a medida inspirado en la era más legendaria de la marca.

Los aficionados suelen leer la lógica de estos nombres así: las iniciales suelen resonar con las del comprador, mientras que el número puede apuntar a un detalle clave del encargo, desde una referencia al modelo donante hasta el año del debut. Si el 25 alude a 2025, Ferrari podría, al menos en teoría, presentar otra máquina exclusiva justo al cierre del año. Conviene recordar, eso sí, que estos registros se presentan con antelación para proteger la propiedad intelectual y, por sí solos, no garantizan una aparición en el mundo real.

Aun así, la intriga tiene su elegancia. Ferrari ha afinado este formato con los años, y cada nuevo nombre suele anunciar una visión muy costosa traducida a metal y carbono; es el tipo de historia que convierte una línea seca en un registro en una cortina a punto de levantarse.