Mercedes-AMG ha llevado el GLE 53 a pruebas de clima frío cerca del Círculo Polar Ártico, y lo que dejan entrever estas fotos espía es un guiño inequívoco a otro lavado de cara, no a una generación totalmente nueva.

Con el camuflaje limitado a los bordes de la carrocería, el mensaje es claro: se mantendrán el capó y las proporciones generales, mientras que el frontal y la zaga concentrarán los cambios. La pista más reveladora es una firma lumínica revisada; los faros —y, probablemente, los pilotos— apuntan a adoptar elementos de luz diurna en forma de estrella acordes con el lenguaje de diseño más reciente de Mercedes.

En la parte delantera, cabe esperar ópticas con interiores retocados, una parrilla central ligeramente ajustada y tomas de aire laterales rediseñadas. Detrás, la nieve complica la lectura, pero el parachoques y el difusor parecen destinados a recibir revisiones. Las salidas de escape redondas subrayan que se trata del 53 y no de un GLE 63.

En el apartado técnico no se prevén grandes sorpresas: debería continuar el seis en línea turbo de 3,0 litros con hibridación suave, asociado a un cambio automático de nueve marchas y tracción total. La potencia ronda actualmente los 429 hp, por lo que cualquier cambio apuntaría a ser menor y muy concreto. En un segmento que va escalando, suena más plausible un ligero ajuste al alza del precio; refrescar el modelo con retoques de diseño y mejoras de equipamiento antes del relevo generacional sigue siendo una forma efectiva de mantenerlo vigente sin tocar lo esencial.