Alpina entra en una nueva etapa: tras la adquisición de los derechos de la marca por parte de BMW en 2022, el primer coche desarrollado ya bajo el control pleno del grupo asoma en el horizonte. Según fuentes, el debut podría ser una berlina basada en el Serie 7; en esencia, un reinicio del B7, que todavía no ha llegado a la generación actual del buque insignia. Sería una jugada coherente para volver a poner el nombre en el lugar que merece.

La lógica del acuerdo tiene menos que ver con la demanda y más con la normativa. Para un fabricante pequeño, las emisiones medias de la gama se han convertido en un ejercicio de equilibrio: cuanto mejores son las ventas, más difícil resulta esquivar límites estrictos y posibles sanciones. Dentro de BMW, Alpina gana una red de seguridad: el grupo puede compensar las cifras globales con modelos electrificados, dejando margen para versiones de imagen con motores de combustión. En este marco, la estrategia suena tan pragmática como necesaria.

Lo más interesante está en lo técnico. Los reportes indican que el próximo Alpina estaría vinculado al Serie 7 actualizado que se espera para 2026. Eso le daría la oportunidad de combinar un diseño más fresco y un habitáculo más afinado con una separación más nítida respecto a los acabados de serie. También entra en juego el V8: hoy, un ocho cilindros en el Serie 7 es oficialmente una rareza en muchos mercados, y Alpina podría, en teoría, ser la vía para devolver un clásico V8 de lujo allí donde las versiones convencionales tropiezan con restricciones. Sería la ventana adecuada para recuperar ese carácter que tantos asocian con la gran berlina alemana.

Para quienes siguen valorando la fórmula de siempre, suena a buena noticia. En lugar de un simple distintivo, hay potencial para un verdadero buque insignia: rápido, sereno y fiel al espíritu de las mejores berlinas ejecutivas alemanas.