Usar refrescos para limpiar los bornes de la batería del coche sigue siendo un mito persistente, pero los especialistas desaconsejan hacerlo. Pese a su acidez, las bebidas azucaradas dejan un residuo pegajoso que puede favorecer cortocircuitos, dañar piezas de goma y atrapar suciedad bajo el capó. En la práctica, por muy tentador que suene, es un atajo que suele traer más problemas de los que resuelve.

La corrosión en los bornes es un subproducto del funcionamiento de una batería de plomo‑ácido. Durante la descarga y la carga se libera hidrógeno, que reacciona con los metales y deja depósitos blanquecinos, verdosos o azulados. El calor, la humedad, la antigüedad de la batería y los accesorios que consumen mucha energía agravan la acumulación.

La corrosión no implica automáticamente que la batería esté fallando, pero si se ignora puede dificultar la carga y complicar el arranque. Por eso compensa revisar periódicamente su estado, sobre todo cuando supera los dos años. Un poco de atención en este punto suele evitar dolores de cabeza después; en el uso diario, ese mantenimiento mínimo marca la diferencia.

La forma más segura de limpiar es preparando una pasta de agua y bicarbonato. Desconecta primero el borne negativo y después el positivo. Aplica la mezcla en las zonas afectadas y frota suavemente con un cepillo. Aclara con agua destilada, seca y vuelve a conectar los bornes. El jugo de limón, el vinagre o los aerosoles específicos para limpieza de baterías también sirven como alternativas y, a diferencia de los refrescos, no dejan una película azucarada. Un método simple, limpio y predecible siempre se agradece en el vano motor.