Un Chevrolet Camaro IROC-Z de 1987 ha salido a la luz tras 37 años guardado en un garaje y ya está a la venta en Bradenton, Florida. El odómetro marca apenas 104 millas (167 km), y su estado roza lo que se espera de fábrica. Configurado con techo T-Top y pintado en burdeos, conserva sus neumáticos originales, luce un interior en tono Gray Cashmere y llega acompañado de la documentación de fábrica.

A diferencia de un Camaro estándar, el IROC-Z montaba un V8 de 5,7 litros con 225 hp asociado a una transmisión automática. Podía alcanzar 97 km/h en 3.6 segundos y llegar hasta 235 km/h. También destacaba por una suspensión Delco-Bilstein mejorada, barras estabilizadoras más rígidas, frenos más capaces y una presencia decidida: capó con lamas, altura rebajada y esas calcomanías inconfundibles.

El precio solicitado es de $92,500, por encima del promedio del mercado, aunque comprensible tratándose de un ejemplar tan bien conservado y con kilometraje mínimo. En 2025 se vendió un IROC-Z similar por $84,700, así que la incógnita es si el próximo comprador estará dispuesto a superar esa cifra.

Un Camaro IROC-Z de 1987 como este es algo más que un superviviente raro: es un fragmento intacto de la historia del automóvil estadounidense. Impresiona el nivel de preservación y, visto el apetito actual por el músculo auténtico de los 80, el enfoque en la originalidad pesa cada vez más y ayuda a justificar la valoración.