En Estados Unidos, cada vez más propietarios de Tesla guardan en el coche un martillo rompecristales de emergencia. El motivo es poco agradable: los sistemas electrónicos de apertura de puertas a veces se resisten y, si fallan tanto las manillas exteriores como las interiores, el ocupante puede quedarse atrapado.

Según Bloomberg, el problema no parece aislado. Desde 2018, los reguladores estadounidenses han recibido más de 140 quejas por manillas de Tesla que se atascan. Cuando ocurre, la salida más sencilla se convierte en el plan B de escapar por una ventanilla lateral; por eso, un martillo de emergencia se ve como un seguro barato frente a un fallo infrecuente pero muy estresante.

La historia también ha generado reacción pública: alrededor de 35.000 personas han firmado una petición que insta a los fabricantes a replantear el diseño de las puertas electrónicas. Llevar un martillo en la guantera puede parecer una solución poco elegante, pero resume bien cómo un detalle del uso diario puede enturbiar incluso un coche cargado de tecnología.

En este contexto, la postura de Great Wall resulta elocuente. Su fundador, Wei Jianjun, ha criticado las manillas escamoteables y afirmó que los próximos modelos de la marca recurrirán a soluciones mecánicas convencionales. El razonamiento es pragmático: las tendencias van por un lado, pero la dependencia de la alimentación eléctrica, el ruido añadido, el peso extra y los problemas de estanqueidad en invierno tienden a irritar en el día a día. En carretera, la practicidad suele imponerse al hardware vistoso.