Para comienzos de 2026, el mercado automotor de Estados Unidos opera con otra lógica: en lugar de una carrera hacia la electrificación acelerada, el foco se desplaza cada vez más hacia la desregulación, el proteccionismo y un cálculo de compra más pragmático. La Casa Blanca señala abiertamente este cambio de rumbo tras el regreso de Donald Trump, apunta SPEEDME.RU después de analizar las transformaciones en el segundo mayor mercado automotriz del mundo. Es menos ruptura que reajuste, moldeado por la política y por el bolsillo.

El factor más sensible para la demanda de eléctricos es el dinero. A finales de 2025, el mercado vivió una oleada de compras a contrarreloj, cuando los incentivos federales para EV empezaron a agotarse y parte de los compradores se apresuró a aprovechar el descuento mientras seguía disponible.

Luego pasaron al primer plano los números de la propiedad: los altos costos de financiación agudizan la sensibilidad al precio y, sin subsidios, a los EV les cuesta ganar volumen. Por eso los fabricantes hablan cada vez menos de un salto acelerado y más de una estrategia de portafolio, en la que los híbridos y los PHEV sirven como puente principal, mientras los eléctricos puros se lanzan de forma selectiva allí donde los márgenes cuadran y la infraestructura de carga acompaña. En un entorno de tipos elevados, esa hoja de ruta suena más sensata: menos eslóganes de impulso y más tracción sostenible.