Un Porsche Taycan Turbo de 2020, comprado en 2024 por 175.000 dólares, no encontró comprador ni cuando la puja llegó a 50.500. El vendedor fijó un precio de reserva en una subasta online, pero las ofertas se quedaron cortas y la operación se vino abajo. El freno estuvo en el historial del coche y en su estado mecánico. Y eso que venía cargado de extras: techo panorámico, Porsche InnoDrive, llantas de 21 pulgadas; aun así, los inconvenientes se fueron acumulando.

En los últimos 18 meses, el Taycan recorrió 38.624 km y pasó varias veces por el taller: sustitución de cristales y neumáticos, una batería nueva, calibración de cámaras y radares, además de trabajos de carrocería tras golpes. Los registros de Carfax anotan al menos tres incidentes con daños.

El propietario sostiene que solo hubo un choque menor y afirma que las reparaciones las realizó un concesionario autorizado. Con todo, los comentarios en el anuncio señalaban que una lista larga de arreglos, aunque sean pequeños, suele espantar a los compradores de segunda mano. Así, pese a un rendimiento sobresaliente —670 hp, 2,9 segundos de 0 a 100 km/h, tracción total—, el Taycan se quedó sin nuevo dueño; a la hora de revender, un historial tan denso pesa más que las cifras.

Su postura baja facilita rozar resaltos, y en climas fríos la autonomía puede caer hasta 313 km. Con 58.740 km en el odómetro, no era un escaparate mimado, sino un eléctrico usado de forma regular: kilometraje honesto que, cuando hay historial de reparaciones, muchos leen como riesgo. Para un comprador prudente, ese conjunto cuesta digerirlo.

El Porsche Taycan sigue siendo una máquina brillante; en el mercado de ocasión, sin embargo, los eléctricos con informes de daños y un servicio muy nutrido se vuelven una apuesta difícil. Con los precios de los EV nuevos aflojando y la competencia en alza, los compradores se inclinan cada vez más por unidades más recientes, aunque menos potentes, pero libres de cargas pasadas.