Mazda acaba de regalarle al roadster más querido del mundo una prórroga. Y podría ser la última.
El medio australiano Car Expert cita al jefe de Mazda Australia, Vinesh Bhindi: un alto directivo de la compañía ha insinuado directamente que la quinta generación del MX-5 conservará casi con seguridad su motor de combustión — pero justo por eso podría ser el último Miata construido bajo esa fórmula.
Para los fans del Miata, es una noticia con doble fondo. Buena, porque Mazda no piensa convertir su roadster de culto en un pesado eléctrico. Preocupante, porque incluso este deportivo minimalista ya choca contra el techo de las normas de emisiones. Sobre todo en Europa, donde el 2,0 Skyactiv-G desapareció silenciosamente de la ficha del MX-5 hace un par de años.
¿Qué se sabe del futuro MX-5 «NE»? Bajo el capó: un nuevo motor atmosférico de 2,5 litros de la familia Skyactiv-Z. Sin turbo. Sin asistencia eléctrica de inicio. El mismo esquema de siempre: motor delante, propulsión trasera, caja manual de seis velocidades. Para el Miata esto no es nostalgia — es religión. Lo aman no por sus caballos, sino por el peso, el equilibrio y esa conexión directa con el asfalto.
Y aquí viene lo interesante. Mazda quiere mantener el nuevo roadster por debajo de los 1000 kilos. En 2026 suena casi imposible. Los coches engordan a base de airbags, asistentes, pantallas y baterías. Si encima al MX-5 le toca añadir un sistema microhíbrido para pasar Euro 7, alcanzar esa cifra será una proeza de ingeniería.
¿Plazos? Sin ilusiones. El Skyactiv-Z no debutará hasta finales de 2027, y no en un deportivo, sino en el nuevo CX-5 híbrido. Así que el nuevo Miata no llegará antes de 2028. Lo bueno: dado que las generaciones NC y ND aguantaron más de una década cada una, el NE podría cruzar tranquilamente casi toda la década de 2030.
Europa es el verdadero quebradero de cabeza. Los fabricantes deben recortar drásticamente sus medias de CO2, y Mazda no tiene suficientes eléctricos para compensar a sus gasolinas. Pero por eso mismo la marca necesita al MX-5 más que nunca. Es un coche-recordatorio: un vehículo puede ser interesante no por una batería de un megavatio y tres pantallas, sino por cómo responde al volante.
Un Miata eléctrico llegará tarde o temprano. Pero por ahora, Mazda parece dispuesta a regalarle al roadster de gasolina otra vuelta honesta. Sin peso de más. Sin carreras por las cifras. Sin perder ese placer simple y casi olvidado de conducir.