Rumanía se enfrenta a una disyuntiva radical: coches o electricidad. Las líneas de montaje de las dos mayores fábricas de automóviles del país están paradas hasta el 19 de agosto, y no es casualidad. Las plantas de Dacia en Mioveni y de Ford Otosan en Craiova han reducido voluntariamente su consumo en unos 200 MW para aliviar la presión sobre una red eléctrica que está perdiendo capacidad de generación por una sequía brutal.
La causa va mucho más allá de un simple contratiempo. Según ecologistas locales, el nivel del Danubio ha bajado tanto que la central nuclear de Cernavodă tuvo que parar por completo uno de sus reactores, mientras el segundo permanece ahora bajo vigilancia reforzada. Las autoridades rumanas llegaron incluso a realizar una explosión controlada en el cauce del río para abrir paso al agua de refrigeración. The Guardian confirma la situación de forma independiente: el mayor riesgo de escasez energética se concentra en las horas de la tarde-noche, lo que obliga al país a aumentar sus importaciones de electricidad.
La pausa afecta a modelos difíciles de separar del mercado europeo. Mioveni es la planta donde Dacia fabrica el Duster y el Bigster. La fábrica de Ford Otosan en Craiova produce el Puma, el Transit Courier y el Tourneo Courier, incluidas sus versiones eléctricas. Según cómo se contabilice la línea instalada, la planta de Ford llega a producir entre 250.000 y 300.000 vehículos al año.
La parada por motivos energéticos llega en el peor momento posible: la industria automotriz rumana ya venía perdiendo volumen antes de esto. Según la asociación ACAROM, las dos plantas ensamblaron 247.972 coches en el primer semestre de 2026, un 12,7% menos que un año antes. De ellos, 129.404 correspondieron a Dacia y 118.568 a Ford Otosan. Solo en junio, la caída llegó al 16%.
Todavía no hay confirmación de que la pausa vaya a provocar escasez de modelos concretos o retrasos en las entregas a los concesionarios. Tampoco los fabricantes han revelado cuántos vehículos se perderán durante la parada. La próxima fecha clave es el 19 de agosto: que las líneas se reactiven dependerá del nivel del Danubio, de que el segundo reactor siga operativo y de la resistencia del sistema eléctrico nacional. Si la sequía no da tregua, esto podría ser solo la primera señal de alarma.