Los primeros 20.000 Volvo XC60 fabricados en Estados Unidos apenas cubrirán el 13 % de la capacidad anual de la planta de Carolina del Sur. No es precisamente una avalancha. Aun así, para Volvo es un punto de inflexión: el superventas de la marca por fin llega a la línea de montaje local, aunque este lote por sí solo no resuelva el problema de infrautilización de la fábrica.
La producción en serie del XC60 en Ridgeville, cerca de Charleston, arranca a finales de 2026, con el verdadero repunte previsto para 2027. Volvo confirmó estos plazos ya en julio de 2025, así que no es ninguna sorpresa. Según datos preliminares de Automotive News, en el primer año la planta ensamblará al menos 20.000 unidades, empezando solo con la versión microhíbrida de 48 voltios.
Ahora mismo, la planta produce el eléctrico Volvo EX90 y su hermano, el Polestar 3. Su capacidad instalada llega a 150.000 vehículos al año, y la inversión de Volvo en el sitio ya supera los 1.300 millones de dólares. Sumar el XC60, mucho más masivo, cambia toda la lógica de la fábrica: de depender de eléctricos caros a un programa mixto en el que los híbridos deben aportar un volumen más estable.
La elección del modelo se explica sola: el XC60 es el coche más vendido en la historia de Volvo, con más de 2,7 millones de unidades. En Estados Unidos representó más de un tercio de las ventas de la marca en el primer semestre de 2025, y uno de cada cuatro XC60 vendidos fue un híbrido enchufable.
La producción local también protege a Volvo de los aranceles estadounidenses a los coches fabricados en Europa. Aun así, 20.000 unidades son una gota en el océano para una planta con capacidad de 150.000. La próxima prueba de fuego será el ritmo real del repunte en 2027 y la decisión de Volvo sobre cuándo empezar a fabricar el híbrido enchufable. Antes de 2030, Volvo promete sumar en Ridgeville otro modelo híbrido más, diseñado específicamente para el mercado estadounidense.