La carrocería está impecable, pero el verdadero problema de este Silverado se esconde bajo el capó

La carrocería está impecable, pero el verdadero problema de este Silverado se esconde bajo el capó
© A. Krivonosov
Pavel Pavlov
Autor: Pavel Pavlov

Una buena carrocería y una caja suave no bastan. Dos V8 5.3 y un 6.2 L87 preocupan a los dueños — esto es lo que debes revisar antes de comprar.

Una carrocería sin una sola mancha de óxido, una caja que cambia con suavidad, un kilometraje honesto — sobre el papel, el Chevrolet Silverado de segunda mano perfecto. Y aun así, no cantes victoria todavía. El verdadero punto débil de estas pickups suele esconderse más abajo — bajo el capó. Los expertos han señalado tres motores que dan más dolores de cabeza a sus dueños: el V8 5.3 de los años 2007–2013 y 2014–2018, y el V8 6.2 del Silverado 2019–2024.

Empecemos por el mayor — el V8 5.3 fabricado entre 2007 y 2013. Su mayor quebradero de cabeza lo conocen miles de propietarios: el motor bebe aceite. Y ahí es cuando empiezan a caer las fichas de dominó. Baja el nivel y, de repente, los taqués hidráulicos, el árbol de levas y las bujías quedan bajo sospecha. Un factor de riesgo aparte es el Active Fuel Management, el sistema que desactiva la mitad de los cilindros para ahorrar combustible. Ingenioso sobre el papel — pero en la práctica, el principal sospechoso de las reparaciones más caras.

Uno pensaría que una nueva generación traería nueva esperanza. Pero el V8 5.3 del Silverado 2014–2018 repitió en gran medida la suerte de su antecesor. El motor ya pertenece a la familia Ecotec3 y, aun así, el eslabón débil vuelve a ser ese mismo AFM. Las quejas se repiten: apetito por el aceite, fallo de los taqués y el riesgo de daños de motor mucho más graves. La conclusión es simple — antes de comprar uno, estudia el historial de mantenimiento, revisa el nivel de aceite, escucha los ruidos en el arranque en frío y busca rastros de reparaciones de la distribución.

Pero la historia más sonada gira en torno al V8 6.2 L87 del Silverado 2019–2024. Aquí ya no se trata de caprichos — es una llamada a revisión en toda regla. GM ha admitido que, en algunos de estos motores, las bielas y el cigüeñal podían fallar — el camino directo hacia daños de motor y pérdida de potencia en plena marcha. La campaña alcanzó a las grandes pickups y SUV del grupo, y los concesionarios están obligados a revisar los vehículos y sustituir el motor si hace falta.

Vamos con las cifras. La llamada a revisión oficial de GM está registrada ante la NHTSA con el número 25V-274 (el código interno del fabricante es N252494000) y afecta a unos 597.000 vehículos de los años 2021–2024 equipados con el 6.2 L87: entre ellos, los Silverado 1500, Tahoe, Suburban, GMC Sierra 1500, Yukon y Cadillac Escalade. Hay dos causas — impurezas en las bielas y en los conductos de aceite del cigüeñal, además de desviaciones en la geometría del propio cigüeñal. Según el procedimiento, el concesionario primero revisa el motor: si no pasa, se sustituye el bloque; si pasa, se le echa un aceite más espeso 0W-40 en lugar del 0W-20, se coloca un tapón de llenado nuevo y se amplía la garantía del motor a 10 años o 150.000 millas. Un detalle que importa al comprador: los años 2019–2020 no entraron en la llamada a revisión en sí, pero la NHTSA mantiene sobre ellos una investigación aparte — así que este motor merece una mirada especialmente atenta, sea cual sea el año.

Anteriormente se informó de que el Chevrolet Corvette había recibido una serie limitada Stars and Steel.

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