Una sola pregunta — y la industria automotriz alemana vuelve a encenderse. El futuro de Volkswagen está sobre la mesa, y sin rodeos. A Moritz Schularick, presidente del Instituto de Kiel para la Economía Mundial, le preguntaron en una entrevista con el Süddeutsche Zeitung si el grupo podía quebrar. Su respuesta fue directa: «VW probablemente será comprado por un fabricante chino. Por BYD, por ejemplo».
No hay negociaciones entre BYD y Volkswagen. Se trata de una previsión del economista, no de una filtración del consejo directivo. Pero no surgió de la nada: llega en medio de una reestructuración masiva en Volkswagen, caída de ventas en China, dura competencia de marcas locales y costos crecientes en vehículos eléctricos y software.
Volkswagen ya está llevando a cabo una de las mayores reorganizaciones de su historia. Recortes de empleo, reducción de capacidad productiva, cierre de plantas y venta de activos no estratégicos están sobre la mesa. Al mismo tiempo, el grupo apuesta cada vez más por las alianzas: invirtió en la cooperación con Rivian y Xpeng para acelerar el desarrollo de nuevas arquitecturas eléctricas y de software.
Y ahora, la realidad. Una compra de Volkswagen por parte de un fabricante chino es casi imposible. Menos del 10% de las acciones del grupo cotiza en el mercado libre; el resto lo controla Porsche SE, gestionada por la familia fundadora. A eso se suma que el estado de Baja Sajonia tiene una minoría de bloqueo: según la ley de Volkswagen, cualquier venta requiere más del 80% de aprobación. Una operación así casi con seguridad enfrentaría un examen severo de reguladores y políticos europeos, y en Estados Unidos probablemente chocaría con las restricciones a la tecnología automotriz conectada china. BYD ya es visto como un jugador serio en Europa, pero una compra de Volkswagen sigue siendo, por ahora, solo tema de conversación.