La agencia de seguridad vial de EE.UU., NHTSA, ha elevado a fase de análisis técnico la investigación sobre ciertos vehículos de Jaguar Land Rover. El proceso abarca aproximadamente 331,559 unidades, incluyendo los modelos Range Rover y Range Rover Sport de los años 2014 a 2022.

La decisión responde a reportes sobre posibles fisuras en las manguetas delanteras de aluminio. Un daño en este componente podría provocar la separación del brazo de control superior y, en consecuencia, una pérdida total del control del vehículo.

La investigación comenzó como una revisión preliminar tras quejas de propietarios. Sin embargo, al acumularse evidencia, el regulador optó por profundizar el análisis para evaluar el diseño de la pieza, los riesgos potenciales y la posible necesidad de un retiro.

En esta etapa, los ingenieros de la NHTSA estudian la construcción de la mangueta y los escenarios de fallo, además de evaluar la magnitud del problema. Si se confirma un defecto, el fabricante podría verse obligado a lanzar una campaña de servicio.

Esta situación es relevante para el mercado porque involucra SUVs de alta gama donde las expectativas de seguridad son particularmente elevadas. El resultado podría afectar la reputación de la marca e influir en futuras decisiones de diseño de suspensión.