A primera vista — otra furgoneta japonesa vieja y cansada. Una Toyota HiAce Grand Cabin de 1994, ahora a la venta en Estados Unidos. Y entonces abres la puerta trasera — y dentro hay un baño entero, con lavabo y ducha de agua caliente.
La furgoneta se fabricó originalmente para el mercado japonés, pero ahora luce papeles y matrícula estadounidenses. El kilometraje no es ninguna broma — unos 271.000 km. En términos automovilísticos, casi un viaje a la Luna. Pero el anterior propietario se dejó el alma en el interior: asientos retapizados en cuero burdeos con costuras a contraste, consola central con panel de madera y portavasos metálicos.
Lo bueno empieza a partir de la segunda fila. Dentro hay una nevera de 40 litros, una TV de pared, aire acondicionado, altavoces integrados y asientos que se abaten para formar una generosa zona de descanso. Esto no es una furgoneta de exposición para redes sociales. Es un vehículo en el que de verdad se viaja y de verdad se duerme.
La gran sorpresa, sin embargo, está al fondo. Tras una puerta separada se esconde un auténtico cuarto húmedo: suelo blanco impermeable, un pequeño lavabo en blanco y rosa con mueble, y una ducha de agua caliente. Para una furgoneta compacta, casi al borde de lo imposible. En conversiones así, normalmente toca elegir entre maletero, cama y cocina. Aquí, además, encontraron sitio para un baño privado.
Bajo el capó — un diésel atmosférico de 2,8 litros. Y aquí es donde la cosa se pone seria. Hace menos de 10.000 km le cambiaron correa de distribución, rodillos, bomba de agua, junta de la tapa de distribución, soportes de motor, termostato, escape, inyectores y alternador. Para una furgoneta japonesa de 30 años, esto pesa más que el cuero bonito: el comprador no paga solo por la estética, paga por una oportunidad real de llegar más lejos del primer taller.
El precio — 17.995 dólares, unos 15.500 euros. ¿Es mucho dinero por una HiAce vieja con mucho kilometraje? Si se mira como simple furgoneta — sí. Si se mira como un mini camper listo para usar, con papeles, un diésel Toyota indestructible y el bonus poco común de una ducha privada — las cuentas cambian de repente. Un camper nuevo cuesta varias veces más. Y la autoconstrucción suele devorar tanto el bolsillo como meses de vida.
Las furgonetas japonesas llevan tiempo siendo objeto de culto entre los viajeros: fiables, ahorradoras, prácticamente eternas. El verdadero valor de este ejemplar está en que ya está homologado en EE. UU. y listo para salir a la carretera mañana mismo.
A veces da menos miedo un kilometraje alto que un habitáculo vacío. Con esta HiAce pasa al revés: muchos kilómetros encima — pero dentro está justo lo que otros tardan años en construir desde cero.