A partir del 1 de enero de 2027, los empleadores holandeses se enfrentarán a un gravamen adicional sobre los nuevos coches de empresa en leasing con motores de combustión interna o híbridos. La medida busca impulsar las flotas corporativas hacia los vehículos eléctricos.
Conocida como Pseudo-eindheffing, esta tasa obliga a los empleadores a pagar cada mes el 1% del precio oficial del coche si sus emisiones de CO2 superan los 0 g/km. Para un coche de 35.000 €, eso son 350 € al mes. Además, los empleadores no pueden repercutir ese coste a los empleados.
El impuesto afecta a todos los turismos que no sean completamente eléctricos. Las furgonetas y los vehículos de uso estrictamente comercial, sin uso personal, están exentos, aunque esa condición debe ser verificada y supervisada.
Este recargo se suma al impuesto habitual por uso particular de los coches de empresa. Según la Asociación Holandesa de Leasing (VNA), los empleadores ya están preocupados por el aumento de costes.
Muchas grandes empresas holandesas ya limitan el leasing de sus empleados a vehículos eléctricos. Sin embargo, las pymes todavía operan flotas de gasolina con frecuencia. A partir de septiembre de 2030, el impuesto se extenderá a los contratos de leasing firmados antes del 1 de enero de 2027. Para el mercado de coches de 2026, esto indica una presión creciente sobre los modelos de combustión interna.