El G-Wagen eléctrico más caro vuelve al taller — el motivo real pone los pelos de punta

El G-Wagen eléctrico más caro vuelve al taller — el motivo real pone los pelos de punta
B. Naumkin
Dmitry Yakin
Autor: Dmitry Yakin

Mercedes-Benz Japan retira 513 G580 eléctricos. Ni batería, ni motores, ni carga — y aun así, el defecto inquieta más que cualquiera de ellos.

El G-Class más caro en la historia de Mercedes vuelve a revisión — y la batería no tiene nada que ver. Mercedes-Benz Japan ha presentado ante el Ministerio de Transportes japonés una campaña de llamada a revisión sobre el G580 with EQ Technology eléctrico. Están afectados 513 todoterrenos importados al país entre el 17 de septiembre de 2024 y el 22 de julio de 2025. La causa suena engañosamente trivial: bajo carga elevada, los pernos de las ruedas pueden aflojarse.

Suena inofensivo — hasta que recuerdas que hablamos de ruedas. Y el defecto no tiene nada que ver con la moderna tecnología eléctrica. Ni la batería, ni los motores, ni la recarga están implicados. El regulador japonés lo formuló sin rodeos: el diseño de los pernos de las ruedas resultó insuficiente. Si el coche se utiliza durante mucho tiempo bajo carga elevada, los pernos empiezan a aflojarse. En el peor de los casos, una rueda corre el riesgo de soltarse. Para el G580 esto duele especialmente: el todoterreno es pesado, potente y está pensado no solo para el asfalto, sino también para usos off-road serios, donde las cargas sobre el chasis se multiplican.

La solución que ofrece Mercedes es sencilla y gratuita: en todos los vehículos afectados se sustituirán los pernos de las ruedas por unos rediseñados. La filial japonesa asegura que hasta el momento no se han registrado casos reales del defecto ni accidentes. Sobre el papel, la llamada a revisión es preventiva. Pero por la forma en que está redactada, no es algo menor.

La técnica del G-Class eléctrico es generosa: cuatro motores eléctricos, gestión individual del par en cada rueda, giro sobre sí mismo y todo un repertorio de trucos dignos de un salón del automóvil. Y todo se apoya en metal que se sostiene precisamente sobre esos pernos. La lección es cruelmente simple: incluso el EV más caro sigue siendo un coche donde la fiabilidad de los componentes aburridos pesa más que cualquier modo espectacular en la pantalla. Si una rueda no está fijada con margen suficiente, ninguna electrónica salva la situación.

En el mercado, el G580 juega en la primera división: sus rivales no son crossovers eléctricos masivos, sino pesos pesados de imagen. El G-Class de combustión, el Range Rover, los SUV eléctricos del segmento alto. El comprador de una máquina así difícilmente renunciará a ella por una llamada a revisión. Pero el aura de invulnerabilidad que el G-Class lleva décadas vendiendo acaba de encajar un golpe muy real.

El G-Wagen eléctrico puede ser tecnológico, pesado y casi teatral. Solo que la confianza en él no nace en la batería. Empieza por lo bien apretadas que estén las ruedas.

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