A este Mustang le crecieron cuernos y escupe fuego, y la cosa solo va a más

A este Mustang le crecieron cuernos y escupe fuego, y la cosa solo va a más
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Vlad Komarov
Autor: Vlad Komarov

1000 CV, escapes en forma de cuernos y llamas saliendo del capó: El Toro reescribe las reglas del tuning Mustang.

El Ford Mustang de serie nunca salió de fábrica en versión twin-turbo — eso siempre ha sido territorio de los preparadores. ¿Uno de los ejemplos más sonados? Un Mustang GT 2018 apodado El Toro, construido por el propietario del proyecto cloutstang. Y sí, este «toro» tiene cuernos de verdad.

El nombre no se eligió al azar. Del vano motor sobresalen dos tubos de escape como cuernos de toro. Y cuando se activa el sistema Hot Licks — salen llamas. No suma ni un caballo. Pero convierte este Mustang en un coche por el que es imposible deslizar el dedo sin detenerse.

Según el propietario, el proyecto entrega ahora hasta 1000 CV. La base — un V8 Aluminator short-block con culatas Gen 3 de serie y distribución estándar, pero con muelles de válvula reforzados. Luego empieza la lista de mejoras, esa que les enciende los ojos a los preparadores: admisión Holley Sniper, sistema triple de combustible e inyectores Bosch Motorsport de 1450 cc.

Y el siguiente capítulo ya está en marcha. El propietario prepara el cambio a un único turbo de gran tamaño. Ese paso sacaría a El Toro del territorio puro show-car y lo acercaría a una máquina de carreras seria. Aunque la imagen actual con «cuernos en llamas» no la va a olvidar nadie fácilmente, ni siquiera tras la reforma.

El exterior tampoco se mantuvo intacto. El Mustang recibió un par-choques delantero estilo GT500 de American Muscle, un alerón de carbono GT500 Track Pack, aletas delanteras GT350 y neumáticos anchos 315/50 R17 pensados para roll racing. Dentro — un volante C2 Customs, levas de cambio en carbono, un cuadro digital, tapicería de cuero a medida y la legendaria palanca Hurst pistol-grip.

Hay también una página más oscura. Hace unos dos años el Mustang sufrió un accidente y luego fue reconstruido — ahora luce un rebuilt title. Para un coleccionista, eso descarta el coche. Para un proyecto de tuning extremo, es simplemente parte de la biografía.

El Toro es el ejemplo perfecto de por qué el Mustang sigue siendo la plataforma favorita para construcciones desquiciadas. Unos van detrás de auténticas máquinas de pista. Otros, de cifras en el banco. Aquí le añadieron puro teatro — y es justo ese detalle de más el que hace que el proyecto sea inolvidable desde el primer fotograma.

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