Nadie esperaba algo así de Ferrari. El primer eléctrico del Cavallino — el Luce — no se concibió como un gadget con fecha de caducidad. La apuesta real no está en el tamaño de la batería, sino en su capacidad para sobrevivir a su propia generación de celdas: el paquete puede extraerse, sustituirse o actualizarse cuando la tecnología haya avanzado.
En el corazón del Luce hay una batería de 800 V y 122 kWh. Pero no está soldada al cuerpo, como en la mayoría de los eléctricos modernos, donde el acumulador termina formando parte del esqueleto estructural. Ferrari mantuvo la carcasa accesible: no hay una rejilla interna fija — son los propios módulos los que definen la disposición. Elena Ligabue, responsable del desarrollo de baterías en Ferrari, lo dice sin rodeos: «El chasis, el coche y la carcasa de la batería son para siempre. La tecnología interior podemos sustituirla por algo nuevo en el futuro».
Para un EV caro, esto pesa más de lo que parece. Un eléctrico de seis cifras no puede convertirse en pieza de museo técnico en 8–10 años solo porque hayan llegado celdas más densas, ligeras o baratas. Con el Luce, el dueño conserva el coche — y gana la oportunidad de renovar su componente más caro y de envejecimiento más rápido.
El paquete se compone de 15 módulos. Cada uno tiene su propia placa de refrigeración de aluminio: disipa el calor y a la vez actúa como elemento estructural. Ferrari habla de unos 305 Wh/kg a nivel de celda y usa un sistema de control de temperatura y voltaje para mantener la entrega estable a medida que la batería envejece. Para un eléctrico con el escudo de la Scuderia, esto no se negocia: el comprador perdonará antes una pérdida pequeña de autonomía que una caída de potencia o un problema térmico bajo carga.
La garantía del sistema eléctrico, el conjunto propulsor y el sistema de carga es de ocho años. Pero el enfoque sobre la batería va mucho más allá de cualquier garantía. Ferrari ya prevé el momento en que los estándares actuales de celda desaparezcan del mercado — y el coche siga ahí. Para un modelo raro y caro, esto deja de ser una cuestión de ingeniería. Es una cuestión de conservar el valor.
El Luce no es interesante solo por ser el primer Ferrari eléctrico. Intenta desactivar el mayor miedo de los dueños de EV de alta gama — el miedo a que el coche muera con su primera batería. Y parece que en Maranello han encontrado la respuesta.